En navidad nadie está solo

Por @marubrito
Para poder explicar esta acción buena vibra, me parece que debo empezar por contar la experiencia de vida que la propició.
Hace dos años, mi hermana Vero esperaba a su segundo bebé, quien supuestamente nacería a principios de noviembre. El 4 de octubre, mi hermana Paty dio a luz a una linda niña, y dos días después, Vero empezó a tener contracciones y presentaba amenaza de aborto. Llegó al hospital, la clínica #60 del IMSS, y unas horas después dio a luz a un precioso niño (todos pensábamos, hasta ese momento, que era niña también). Entre las idas y venidas cuidando a la otra hermana, regresamos al hospital donde estaba internada Vero, para recibir la terrible noticia de que el parto se había complicado, y desafortunadamente tuvieron que quitarle la matriz. Julián, el bebé, también se encontraba en peligro, y tuvo que estar internado alrededor de quince días.
Mi hermana fue trasladada entonces al Hospital General 72, también del IMSS, y permaneció unos días ahí; días en los cuales su vida corrió grave peligro. Afortunadamente, gracias a la eficiente intervención de los médicos y, estoy convencida, a las buenas vibras, oraciones y buenos deseos de muchísima gente, mi hermana se recuperó satisfactoriamente. Julián, por otro lado, necesitó de varias terapias y de estimulación temprana, pues presentó un ligero retraso psicomotriz.
A dos años de esa horrible experiencia, ambos se encuentran muy saludables y disfrutando la vida al máximo.
Como mencionaba al principio, esta experiencia propició la acción buena vibra que realizamos por segundo año. En la navidad de 2011, mi hermana, mi cuñado y las familias de ambos ayudamos a elaborar 100 cenas para los familiares de las personas que se encuentran internadas en los hospitales donde estuvo mi hermana. Vero preparó el pavo, su suegra una ensalada, y mi mamá el ponche. Los demás ayudamos a armarlas y entregarlas.
La navidad pasada hicimos lo mismo, aunque ahora fueron tamales, ensalada de manzana, café y leche. Y, además, afortunadamente contamos con la colaboración de otras personas, quienes nos ayudaron con aportaciones como vasos, bolsas y cajitas de leche.
Apenas este año acompañé a entregar las cenas, y al llegar a los lugares la verdad es que te invade una combinación de sentimientos. Por un lado, te llena de alegría ver que la gente te agradece sinceramente, el “acordarte de ellos”. Siendo una fecha tan nostálgica y especial para muchas familias, creo que el realizar este tipo de acciones, de cierta manera les genera un “consuelo” y el saber que no están completamente solos. Por otro lado, también te genera un poco de nostalgia, precisamente por ver que esa fecha la tienen que pasar en un hospital (que no sé ustedes, pero la verdad son los lugares menos agradables que he conocido). Y, también, en algún momento, sientes un poco de frustración; quizás por el hecho de que al estar ahí te das cuenta de que es tan poco lo que haces, que te gustaría hacer más, que te gustaría tener las palabras correctas para “darles un mayor consuelo”.
Al ir al Hospital General 72, mi gran sorpresa fue darme cuenta de que son muchísimas las personas que hacen este tipo de acciones. Familias enteras, de hecho, que aportan lo poco o mucho que tienen, pero de todo corazón.
Mi hermana y mi cuñado dijeron que en realidad no sienten nada especial. No por el hecho de que no les genere ningún sentimiento, sino porque precisamente creen que es poco para lo mucho que esta gente necesita. Que es poco para lo mucho que ellos reciben. Y que es poco para lo mucho que nos falta por aprender.
Les comparto esta anécdota porque me parece que puede servir de ejemplo, no sólo en las fechas que acaban de pasar -que sin duda puede decirse que es más significativo- sino en todo momento. Y no únicamente con la gente en los hospitales. Día a día nos encontramos con tanta gente que tiene necesidades enormes, y simplemente es más fácil pasar de largo, “pedirle a dios que se mejore su situación”, y dejar que otros actúen por nosotros.
Dejemos de ser egoístas, organicémonos, y apoyemos a otros. Créanme que el dejar de serlo, aunque sea por un día, por unas horas, por unos minutos, provoca una satisfacción que difícilmente se encuentra en otras acciones o cosas. Definitivamente el hacer algo por alguien más, sin esperar nada a cambio, más que una sonrisa, un “muchas gracias”, o un “dios te bendiga”, es muy, muy gratificante.
Y también inviten a los niños a participar. Aunque sea en lo más pequeño, o en lo que puedan aportar; pero que de cierta forma les sirva de lección. Que vean que dar en vez de recibir tiene mucho más peso y que se verá bien recompensado. Además, se les puede ir creando un buen hábito y es una excelente manera de heredar y transmitir las acciones buena vibra.
@marubrito realizó una serie de preguntas para conocer el sentir sobre esta acción buena vibra:
M: ¿Por qué hacen esta labor de llevar cenas al hospital?
Vero: Porque aquí estuvimos Julián y yo, y sabemos lo difícil que es, aparte de los pacientes, para los familiares. Y en estas fechas, principalmente hoy 24, pues que tengan que estar muchos solos y con la angustia, esperando noticias sobre sus familiares.
M: ¿Y para quién lo hacen? ¿Sólo para ustedes, o para todas las familias, o para qué?
V: ¿Para quién? Pues para quien esté. ¿Y por qué? Pues, sólo por ayudar. Para dar un poquito de lo mucho que recibimos en esos momentos tan difíciles, es lo que queremos.
M: ¿Y cuánto más piensan hacerlo? ¿Quieren hacerlo todos los años?
V: Pues a mí sí me gustaría hacerlo todos los años. Este año es el segundo y, afortunadamente, tuvimos ayuda extra. Y ojalá cada año pudiéramos tener más ayuda que se ofrezca; porque no es tanto que pidamos. Que se ofrezca, que también tengan esa disposición para dar, también. Y ojalá se pudiera hacer algo grande, donde pudiéramos abarcar no solamente estas dos clínicas, donde estuvimos Julián y yo, sino muchas, porque estos días hay muchos enfermos en todas partes.
M: ¿Y tú, Julio? ¿Qué te da esta experiencia de dar y regalar?
Julio: Pensar que la gente se puede sentir un poco menos sola el día de hoy, y un poco menos sola en su espera en la sala con sus pacientes, ¿no? Pues, solamente eso.
M: ¿Y es reconfortante el venir? ¿Qué sienten cuando le dan a alguien una cena y les dice “gracias”, “que dios los bendiga” y cosas así?
J: Nada en particular. Como que, qué bueno que lo sienten, pero nada en particular. Nada más uno quisiera que en verdad pudieran sentir menos solos, menos mal.
M: ¿Tú qué sientes Vero, cuando entregas algo? ¿O al realizar esto?
V: No es tanto lo que yo quiera, o espere sentir, sino como dice Julio, lo que tratamos de que las otras personas sientan. Y cuando hay gente que lo expresa así, se nota de corazón que le sirvió, no? Porque a veces el estar esperando, que no se pueden mover de ahí, ni siquiera pueden salir a comprar nada, que lleguen y digan “alguien se acordó de mí”. Eso es una satisfacción y tranquilidad para mí de saber que esa persona por lo menos tuvo sus cinco minutos de tranquilidad.
J: ¿Sabes qué? Que le pueda dar un poquito de fe, de esperanza, no sé. Suena pretencioso, pero como dice Vero, decir “oye, alguien se preocupó” y puedan sentir un poquito de esperanza de que su paciente se va a poner bien. Eso estaría de fábula.
M: ¿Tú, Santi, qué sentiste cuando les dabas una cena?
S: Que me decían que muchas gracias, y cuando ellos traían cena nos daban cenas.
M: ¿Y vas a seguir ayudando?
S: Sí.
V: ¿Y tú qué sentiste?
M: Yo sentí muy bonito, porque es muy reconfortante el saber que tratas de llevar un poco de calidez, de confort. Como que trato de ponerme en el lugar de ellos, y yo no esperaría realmente que alguien lo hiciera. Y es muy reconfortante, y llena de mucha dicha el saber que haces algo por alguien, aunque sea pequeño, pero que sabes que en un momento difícil y en una fecha significativa algo les va a hacer sentir bien, aunque sea un ratito.
Espero que el año que entra más gente apoye, también. Se una a la causa, para que sean muchas más cenas, y muchos más lugares.

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