Qué asco.

¡A este país se lo está llevando la PRIngada! Sí, PRIngada, no chingada.
Porque, aunque hay diferentes partidos y diferentes corrientes, todos salieron del mismo lugar, de la misma escuela, de la misma inmundicia. Qué asco.
Todos fueron paridos por la misma Reina Madre, que cada vez que ha puesto sus huevecillos, ha sido para dar nacimiento a nuevos parásitos y sanguijuelas que buscan cómo vivir y chupar de la interminable teta de la sociedad. Todos aprendieron del maestro, y aprendieron tan bien, que algunos lo han superado. Qué asco.
Un partido debería ser una oportunidad para cambiar algo o para ser diferentes, pero no aquí, no en este país, aquí los partidos son empresas familiares o asociaciones de presta nombres, son prostitutas que NUNCA buscan el bienestar común, porque no hay comunidad, son clubes sociales donde una membresía te da impunidad, donde el nepotismo va acompañado de tu inscripción, donde el apellido te asegura un retiro honroso y jugoso… y libre de cualquier culpa. Qué asco.
Amos y señores de estas tierras, señores feudales, virreyes y nobleza que respeta linajes. Un sistema donde los que se salen se suicidan, donde testigos desaparecen, donde las investigaciones se pierden en el inmenso océano de la burocracia, casualmente. Un sistema que es benevolente con sus perros fieles pero persecutor de quienes lo desobedecen, un sistema en el que “nadie aguanta un cañonazo de 50 mil pesos” como dijera Don Obregón. Qué asco.
Qué irónico que la única “revolución” que hemos tenido nos haya dejado un ente tan repugnante como el PRI (y toda su descendencia) y que aplaudamos eso, y que lo conmemoremos, y que adoctrinemos a las nuevas generaciones a venerarlo, y a querer trabajar ahí… Qué asco.
Vivimos en una sociedad de simulaciones, la estructura política simula que vela por los intereses de todos, cuando en realidad lo hace por los intereses del partido, de su familia; nosotros como gobernados también simulamos… Y entonces el plan perfecto, el círculo virtuoso para unos y vicioso para otros se pone en marcha, una vez más. Qué asco.
¿Conflicto de intereses? – sí los hay pero depende de quién seas, de a quién conozcas, para quién trabajes o cómo te apellides. En una verdadera democracia, se estaría investigando al Presidente y a todo su gabinete, es más, se estaría investigando a toda la administración pública. En una democracia, los pasaportes falsos, los contratos sin firma, las facturas infladas y/o las grabaciones telefónicas servirían para condenar a alguien, a un Salinas, por ejemplo. Qué suerte para ellos trabajar aquí, donde todo pasa pero no pasa nada. Qué asco.
¡Pues vámonos todos derechito y sin escalas a la PRIngada!
¿Quién es culpable? – Recurramos todos al espejo.
Náuseas.
Ahí andamos.
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