¿Valle de Bravos?

@alexvillac

El fin de semana pasado fui a Valle de Bravo con unos amigos. Ayer se anunciaron cambios en las medidas de seguridad en varios puntos del Estado de México, Valle de Bravo fue uno de ellos.

Mi impresión del lugar, por lo que vi y lo que escuché de los mismos habitantes, es que era seguro. Comenté con mis amigos el hecho curioso que la policía no cargara pistolas sino metralletas, armas que a simple vista, y sin saber de armas, son de alto calibre, y no la policía cualquiera sino la policía turística. Sí, la policía turística carga metralletas en Valle de Bravo.

– Quieren evitar lo que le pasó a Acapulco y a Cuernavaca, ya ves que ahí les cayó ‘la maña’ y ahora ‘la maña’ manda – Me dijo un prestador de servicios.

Tenía sentido entonces ver a la policía tan armada y dando rondines a cada momento pero después de los operativos anunciados, la pregunta es: ¿acaso ya les cayó ‘la maña’?, ¿o quieren evitar que les pueda caer?

Porque el operativo no es cualquier cosa, no fue ordenado ni pronunciado por la policía municipal, o por el comandante local sino por el mismísimo gobernador del Estado de México, Eruviel Ávila; los agentes municipales serán enviados a un centro de adiestramiento de la Secretaría de la Defensa Nacional en Tlaxcala, para ser capacitados durante ocho semanas mientras elementos de fuerzas federales y estatales se encargan de la seguridad de 13 ayuntamientos. La cosa va en serio entonces.

¿Valle de…?

Los sábados, Valle de Bravo se convierte en Valle de Juniors (no en forma despectiva sino descriptiva), los jóvenes llegan en camionetas y autos de lujo por la mañana-tarde, y por la noche, salen de sus casas (mansiones) de descanso para hacer de Valle de Bravo su patio de juegos, sobre todo en el Centro, que es donde se encuentran los bares y antros. Las peleas entre ellos (o entre los guaruras de ellos) son comunes, permitidas y hasta esperadas. Yo mismo fui testigo de ello.

Hace unos meses pusieron horarios para la venta de bebidas alcohólicas, de lunes a sábado puedes conseguirlo hasta las 10 de la noche, los domingos sólo lo venden hasta las 5 de la tarde. ¿La razón?, cientos de jóvenes borrachos haciendo cualquier desmán que se le ocurra. Y eso porque fue documentado y publicado por un periodista – porque eso llevaba años pasando y nadia hacia nada – me dijo el mismo prestador de servicios.

El operativo responde realmente al aumento alarmante en secuestros; el mismo fin de semana que fui, varias personas que paseaban por los senderos de sus montañas alrededor fueron secuestradas. La semana pasada, una pareja de extranjeros se dirigía al lugar a pasar el fin de semana, se topó con un retén al entrar a Valle, narcotraficantes michoacanos vestidos de Policía Federal que les marcaron el alto, los secuestraron y hasta el momento siguen sin aparecer.

Dos días después de regresar a la Ciudad, me enteró que en la carretera de Toluca a Valle de Bravo, tiran piedras a los automóviles desde los puentes para que se detengan y puedan asaltarlos. Y no sólo eso, Valle de Bravo también destaca por ser el segundo lugar del país en robos a casa habitación.
En 2012, narcotraficantes descuartizaron a trabajadores de ProBosque, quienes investigaban denuncias de tala clandestina pero se encontraron con un laboratorio de metafentaminas.

Tal vez sea porque Valle de Bravo queda a sólo 74 kilómetros de Zitácuaro, donde empieza la región michoacana de Tierra Caliente o a 135 kilómetros de Arcelia, la Tierra Caliente de Guerrero, o a 165 kilómetros de Luvianos, el centro del narcotráfico en tierras mexiquenses. O tal vez sea por quienes lo visitan, o por quienes tienen casas de descanso ahí y son atractivos clientes del consumo de drogas o atractivas víctimas de secuestro, o por…

En fin, preguntarse “¿por qué hasta ahora?”, hará que la respuesta no nos agrade. Consideremos que al fin las autoridades están decididas a hacer algo al respecto. Algo que hará que Valle de Bravos regresé a ser Valle de Bravo, por mero honor a Nicolás Bravo.
Un hermoso lugar, con sitios, servicios y atenciones que superaron mis expectativas. Lástima por quienes lo lastiman. Una vez más: el problema no es el país, el problema es quienes lo habitamos.
Ahí andamos.
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